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lunes, 3 de agosto de 2015

Inocencia de niño








Inocencia de niño


El niño lloraba en su ventana,
contemplando una a una las estrellas,
el niño lloraba con gran pena,
pues sus manos no alcanzaban a tocarlas.

Sus padres tiempo atrás le habían dicho,
que habían dos estrellas que eran suyas,
eran las de su abuelo y su abuela,
que hacía poco habían fallecido.

El niño quería ser mayor,
tal vez así las alcanzara,
no sabiendo que el día que creciera,
perdería ese encanto y esa magia.

¿Qué bonito la inocencia de ser niño?
y así poder crecer pensando en esas estrellas coger,
pues mientras dura esa  inocencia de ser niño,
no te das cuenta de lo dura que la vida a veces es.

Reflexión:

      La inocencia de ser niño es lo mejor y lo más bonito que nos puede ocurrir en la vida de cada ser humano.
Mientras eres niño conservas esa magia y esa ilusión por las cosas pues una vez que crecemos eso se pierde, aunque de alguna forma lo vuelves a vivir intentando que dicha ilusión se mantenga en otros niños, como nuestros hijos, nietos, sobrinos, etc. Así de alguna forma lo volvemos a revivir en nosotros mismos.

Seas niño o adulto intenta no perder nunca esa ilusión que de alguna forma nos mantiene vivos, porque la vida es eso, magia e ilusión y aunque todos sabemos que muchas veces la vida es dura no me cansare de decir que también es muy bonita.

Mª Amparo@todos los derechos reservados

martes, 14 de octubre de 2014

Muriendo de amor






Muriendo de amor



Sentado el abuelo,
en su vieja mecedora,
sobre la mesa,
esa botella de vino medio vacía y en su mano,
esa copa llena,
que le ayuda a llevar su pena.

Frente a él,
la fotografía,
de la mujer que le acompaño toda una vida,
una vida llena de penas y alegrías,
pero llena de amor.

Una mujer,
que supo ser su amiga,
su amante,
su esposa,
la madre de sus hijos.....

Se golpean todos los recuerdos,
en un mismo pensamiento,
esos,
de aquellos años felices,
que se marcharon para siempre.

Mira sus manos arrugadas,
esas que tantas caricias le  regalo,
esas que tantán veces,
entrelazo con las suyas.

Manan del corazón,
esas lágrimas,
que llegaran a sus ojos,
siguiendo el camino,
hasta llegar a su alma.

Porque añora todo de ella,
sus risas,
sus palabras,
sus miradas,
hasta ese perfume,
que hasta el último momento lo embriago.

Le diría tantas cosas nunca dichas,
pero….
tan solo encuentra,
la soledad de su ausencia.

Siempre juntos,
sin separarse ni un solo instante,
pero se marchó a emprender,
ese viaje,
del que nadie ha sido capaz de volver.

Se aferra a su copa ya vacía,
con la esperanza,
de volverla a llenar,
pensando en que un día se volverán a unir,
para brindar juntos,
por tantos momentos de felicidad.

Mientras tanto,
seguirá contemplando su fotografía,
roto de dolor,
roto de angustia,
muriendo en vida y en silencio,
muriendo de amor.

Porque a todos,
nos llegara ese momento,
que  uno de los dos se valla
y entonces que pasara….

Mejor no pensarlo y vivir,
cada instante,
con la misma intensidad
que si fuera el primero,

Y el día que suceda,
afrontarlo con la suficiente valentía,
de haber vivido un amor verdadero,
aunque nos estemos muriendo,
en vida por dentro,
como el abuelo.


Mª Amparo@todos los derechos reservados




domingo, 11 de agosto de 2013

Recordando











Recordando


El anciano,
lleva marcado en su rostro,
las huellas,
que le han dejado,
el paso del tiempo.

Esas manchas y arrugas,
que marcan,
los años que se van ante nosotros,
como ráfagas de viento,
tan rápido
que se va volando junto a él.

Hoy mira orgulloso,
la tierra,
que día tras día ,
dio sus frutos,
frutos arados y cosechados,
con el esfuerzo de su trabajo.

Piel morena,
quemada por el sol y manos,
castigadas y rugosas,
por el mango de su azada.

Sus campos están vacíos,
ya terminaron de dar,
todas sus cosechas.

Pero su mirada se centra en ellas,
junto a la de sus nietos,
que con lágrimas en los ojos,
les cuenta,
los largos días que estuvo,
bajo el sol y soportando,
las inclemencias del tiempo.

Son niños,
aun no entienden lo dura que fue su vida,
pero seguro,
que el día de mañana,
lo que si sabrán,
es que tuvieron un abuelo,
que vivió,
para su trabajo y para su familia.


Mª Amparo@todos los derechos reservados.

viernes, 12 de julio de 2013









 El abuelo

Con un libro en la mano,
el abuelo,
se sentó en su vieja mecedora,
para sentar en su regazo a esa niña,
de enormes ojos y mejillas sonrosadas.

Esa nieta que de alguna forma,
le hace transportarse a su niñez,
haciéndole recordar,
cuando su abuelo,
lo sentaba a él,
en sus rodillas y le contaba esas historias,
que tanto ha recordado a lo largo de su vida
y que ahora de alguna forma,
le retransmite a su nieta,
dándole el calor y el amor,
que le dieron a él un día.

Le leerá un cuento,
para que su imaginación,
llegue,
hasta un mundo mágico,
lleno de fantasía.

Donde ella,
siempre será la protagonista y el,
ese narrador,
que con su voz la embelesa,
para que expectante lo escuche
a la vez,
que sus pequeños dedos,
acarician ese pelo blanco,
lleno de canas,
inevitables por el paso de los años.

Le gustaría parar el reloj,
para que siempre fuera una niña y así,
no perdiera esa inocencia tan bonita,
que todos tenemos y se esfuma con el tiempo,
para así,
seguir disfrutando de su compañía.

Él es feliz,
porque muchas veces el hecho,
de hacer sonreír
a alguien a quien queremos,
nos hace felices a nosotros mismos,
da igual,
seas  pequeño o grande,
lo importante es sonreír  juntos.


Mª Amparo@todos los derechos reservados.